____Sin categoría

Asesinos de Niños

¡Califica esta Publicación!
[Total: 0 Promedio: 0] -

 

El tipo era joven, bohemio, médico de profesión. La madre también era joven; se decía preparada pues estudió una licenciatura. Hacía tiempo vivía angustiada; tenía un “problema”; tenía un niño pequeño.
El pobrecito era mudo, un poco sordo y casi ciego; poseía toda la ternura y compasión que un bebé puede despertar; pero era una carga y ella no quería lastres; quería vivir “su vida”; tenía planes y el pequeño le estorbaba.
Decidió matar al bebé, lo cual comentó al tipo, quien —llamándose médico— complaciente se ofreció a hacer el “trabajo”.
El egoísmo por vivir su vida pasó a un segundo plano cuando empezaron a planear la forma de quitarle la vida a aquel niño; afloró lo inhumano, lo antinatural de su ser. Comentaban las opciones: acuchillarlo, quemarle con ácido, tal vez envenenarlo; cualquier forma era buena; nadie se daría cuenta, nadie lo oiría gritar, nadie le echaría de menos.
Sí su madre era la principal promotora de su muerte… ¿a quién le podría de importar?
Él —incomprensiblemente médico— quien resultó tener una mente enfermiza, enferma de gravedad, propuso descuartizar al niño y enterrarlo en algún lugar oculto.
Pero matarlo, mutilando su cuerpecito, no era suficiente. Él quería filmarlo, quería tener un vídeo de lo que iba a hacer; la madre aceptó.
Ella iría con el niño al consultorio y ahí se iban a deshacer del pequeño. Pero ella no quería ver; ella consentía su muerte, pero no quería enfrentar la funesta acción; así que, llegado el día en el consultorio, pidió le diera algo para dormir; ella no quería saber nada hasta que todo estuviera terminado. Y así se hizo.
El pequeño no sabía dónde estaba ni porque lo habían llevado ahí, aunque algo debió presentir por el comportamiento de su madre.
Sin embargo, no fue sino hasta que llegó el momento fatal que se dio cuenta del peligro que corría. Los instrumentos punzo-cortantes que le quitarían la vida hicieron su aparición, sintió su presencia, pero no sabía qué eran, ¡no podía ver!
Su situación era terriblemente angustiante.
Hubiera querido hablar, pero no podía, era mudo… hubiera querido gritar: ¡¡mamita… por favor… ayúdame, no me dejes solo!! Hubiera querido suplicar a gritos y bañado en lágrimas… ¡¡mamita por Dios, no me abandones, me va a doler mucho, no dejes que me maten!!… pero no podía.
Además, su madre ya lo había abandonado, una droga la había alejado de él lo suficiente como para que el “carnicero” pudiera matar con saña y sin mortificación a aquel pequeño indefenso.
El niño quiso alejarse, quiso huir, pero estaba atrapado; no había espacio hacia donde moverse. Lo inevitable se inició: de un golpe le desprendió un brazo.

Indiferente ante el terror y el dolor del pequeño, el asesino todavía se daba tiempo para colocar las partes de su cuerpecito en una bolsa de plástico mientras el niño se desangraba.
¡Fue terrible! Al bracito le siguió luego una pierna… la otra… su cabecita…; no hay palabras para expresar el horror de ese momento…
Finalmente, el crimen del pequeñín terminó. En una bolsa de plástico, la que fuera su madre junto con el otro asesino, lo fueron a enterrar a un lugar apartado.
Creían que todo estaba listo, pero alguien los vio y los denunció a la justicia.
Se les abrió un proceso; se les iba a juzgar por el asesinato del niño. Ellos expusieron sus “razones” para justificar el crimen. Los que los acusaban, reclamaban la acción y la forma de llevarla a cabo (habían descubierto el vídeo del crimen y lo mostraron en el juicio); la madre aceptó verlo también.
Entre el público hubo llanto y gritos al ver como se iba destrozando el cuerpo del pequeño. La madre… la madre sintió escalofríos, náuseas, quiso gritar… pero se desmayó.
Después de que el jurado deliberó emitió su decisión, declarando a la pareja… ¡¡inocente!!
Las voces de sorpresa se dejaron oír con intensidad, hubo gritos de protesta; ¡¡cómo es posible!!… gritaban unos.
La razón del jurado… muy sencilla… en ese país la ley permitía el aborto; por lo tanto, era legal despedazar a un niño por nacer, como el niño que acababan de ver morir en el vídeo.
No les importó la resistencia opuesta por el bebé a pesar de todas sus limitaciones fisiológicas; simplemente, como aquellos que formularon la ley, consideraron que, como no podían oír el llanto del bebé, le debían considerar como una cosa; una cosa a la que se le podía tirar a la basura.
Ellos también mostraron un total desprecio por la vida humana.
¿Usted cree que esto es una novela… una fantasía? Desgraciadamente no es así. Esto es una realidad que ocurre cada día con más frecuencia.
¿Quiere convencerse?; vídeos como el que aquí narro existen.
Aquí abajo le comparto el link de dos videos; así podrá ver y sufrir esta pesadilla, y con esto acabar de una vez por todas con su incredulidad e indiferencia hacia el sufrimiento y muerte de tantos niños asesinados por el aborto; estoy seguro que le marcará de por vida, en una forma favorable.

Juan M. Dabdoub Giacoman

 

Mostrar más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Cerrar